En este momento son tres aprendizajes que evidencio. Seguramente, a lo largo de los días de encierro que faltan, se van a juntar otras formas de tomar consciencia. Para todos es una oportunidad de tener un tiempo de reflexión profunda sobre nuestras vidas y sobre los acontecimientos del mundo. Somos todos interdependientes.

Mi hijo llegó de Francia el 15 de marzo de 2020 y por la ley recién publicada en Colombia, debía cumplir 14 días de cuarentena en nuestra casa. En un cuarto con su baño estaba viviendo como los presos. Los únicos contactos visuales físicos que tuvo, fueron de lejos, con una puerta entreabierta al momento de entregarle las comidas. En ese lapso, estudió a distancia y se tomó un descanso.

El cumpleaños de mi esposa fue el día de la primavera, y como si él estuviera a 10 mil kilómetros, celebró el aniversario de su mamá a través de una llamada de WhatsApp. Allí a solo cuatro pasos de abrazarla, no podía. Tampoco nadie quería. Mi hijo estaba llegando de la zona Este de Francia, que es hoy en día la más afectada, donde están despachando enfermos a otras regiones y países por el colapso de algunos hospitales. Mi hijo está bien de salud y nosotros entramos en cuarentena.

Esta experiencia individual y colectiva es de humildad, de querer y no poder. Debemos aceptar que hay momentos en la vida en que no podemos tener o hacer lo que anhelamos. Este es el primer aprendizaje de todas las familias, “no se debe salir”, aunque el deseo de ir de visita, de compras o salir a producir el sustento cotidiano, esté ahí. Es bajar la cabeza y cumplir los requisitos de confinamiento para el bien de todos y decir “acepto la situación tal como es, con humildad”.

Este golpe dado por un pequeño virus contagioso nos hace reflexionar sobre la prepotencia humana: no somos los dueños del planeta. El padre y filósofo Francisco de Roux dice: “nos creíamos invencibles”. El coronavirus nos ubicó en nuestra realidad de seres humanos frágiles tanto como organismos biológicos, como organismos sociales y económicos. Es tiempo de volver a una sana humildad y respetar todo lo que nos rodea, empezando por la Madre Naturaleza.

Quisimos producir cada vez más sin pensar en una gestión sostenible en el tiempo, y ya nuestro modelo de crecimiento continuo es obsoleto, pero nadie se atreve a cambiarlo. La Naturaleza está exangüe y para nuestro bien, ella nos muestra que sigue siendo la Maestra y que nosotros solo somos invitados. Humanos… Humildad por favor.

El segundo valor que estamos retomando a nivel colectivo es la solidaridad.  Sin embargo, hay una paradoja en esta solidaridad, la cual, por definición nos acerca a los demás, y en estos tiempos debemos quedarnos muy distantes. Tomamos consciencia de nuestra interdependencia, ya no se puede “hacer lo que se nos da la gana”; puedo contaminar a los demás o estar contaminado. Puede ser que cumplamos por salvaguardarnos egoístamente, sin embargo, la experiencia de otras naciones nos enseña que todos debemos actuar al unísono.

El Viceministro de Salud de Irán, Iraj Harirchi, después de minimizar la importancia del confinamiento, hizo una declaración cuando contrajo el coronavirus: “Este virus es democrático y no distingue entre pobres y ricos o entre estadista y ciudadano común”. Toca a todos, no hace diferencia de sexos, razas o creencias. Estamos todos unidos y ojalá podamos seguir unidos tomando otras medidas necesarias para la sobrevivencia de nuestra especie en el planeta.

La solidaridad también se manifiesta hacia los más pobres porque son los que están más desprotegidos frente al cambio sorpresivo. Sin acceso a los créditos, con estados de salud más precarios por falta de buena alimentación, viviendo en espacios confinados donde la salud mental es la primera afectada. Son los pobres, los que van a sufrir más. He visto a los gobiernos tomar medidas financieras de emergencia para la subsistencia de estas poblaciones desfavorecidas, incluso muchos particulares y organizaciones no gubernamentales aportan mercados a los que hace poco vivían en la calle, produciendo el día-día para su sustento.

El discernimiento es el tercer valor de estos días de aprendizajes. Debemos, en estos tiempos de confusión, desarrollar nuestras capacidades para distinguir lo verdadero de lo falso. Este juicio se ejerce en todos los niveles, desde actos domésticos vitales hasta el análisis de las noticias bombardeadas en las redes sociales. Estamos fortaleciendo nuestro “sentido analítico” frente a un desbordamiento de emotividad. El desafío es mantener la razón en una cabeza fría, para que no  se calientan las opiniones y las emociones exacerbadas.

Discernir nos lleva a la pregunta casi metafísica: ¿dónde está la verdad? y ¿dónde está la ilusión?, ¿qué es la realidad?, ¿qué es lo correcto y lo ético?… Las falsas noticias son numerosas en los medios digitales. “Fake news” se divulgan como una epidemia viral y como si fueran la verdad. Hubo una intención deliberada para engañar y para provocar e incrementar los miedos. Hoy en día, todos nos referimos a la OMS (Organización Mundial de la Salud) y a los científicos. Nos olvidamos de que la ciencia es un método (como otros) que busca tener una representación de la realidad, pero no es la Verdad Absoluta. Los mismos gobiernos cambian de estrategias e imponen normas distintas, los políticos también tienen sus verdades y sus prioridades morales. 

Cada uno trata de desarrollar sus propios criterios en función de sus aprendizajes, de sus fuentes de información y de sus creencias. La Verdad no tiene un único dueño, seguramente participa de la visión propia de cada uno. No es suficiente compartir con los demás nuestra “verdad” sino que queremos convertir a los demás a nuestra filosofía. Tanta intolerancia y genocidios fueron perpetrados por convencer al otro de una única verdad, bien sea religiosa, política o económica.

El Covid-19 podría ser el fruto de una manipulación genética, es una posibilidad. Los individuos que dicen que la pandemia es un montaje, una voluntad para cambiar la geopolítica del mundo, pueden tener algo de razón. Las personas que dicen que la gripe estacional, la contaminación, el hambre, las enfermedades infecciosas del tercer mundo matan anualmente mucho más que el Covid-19, algo puede ser cierto. La gente espiritual dice que es la voluntad de Dios y de la Naturaleza para cambiar el rumbo egolátrico humano, tendrá algo de cierto. Los fieles de la Nueva Era nos comentan que es el momento de elevar nuestra frecuencia vibratoria para pasar a otra etapa de conciencia en la evolución planetaria, seguramente habrá algo de cierto. Discernimos entonces.

Si tuviera que agregar una cualidad para agregar a la humildad, a la solidaridad y al discernimiento, diría que el cimiento es la tolerancia. Quiero mantenerme positivo y creer que tendremos la sabiduría suficiente para que afloren en la humanidad estas cualidades anteriormente nombradas. También soy consciente, desde mi discernimiento, que podríamos fácilmente “caer” en el aumento del desbalance de la repartición de las riquezas, en la tiranía, en el racismo, en el egoísmo y en los nacionalismos. El ser humano tiene un cierto grado de libre albedrio y es el momento de mostrar su “inteligencia superior” para tomar su sitio sistémico en el Universo y en la Vida.

Dominique Hennechart
Psicólogo 

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