¿Conflicto en casa o cooperación?

Durante semanas nos encontramos cara a cara en casa. Para algunos es placentero, pero para muchos es un desafío muy grande.  La relación de pareja puede sufrir cambios importantes por no saber gestionar los conflictos que se presentan en la vida cotidiana. Te invito a descubrir que la repartición equilibrada de las tareas en el hogar es un salvavidas para tu familia.

Las funciones habituales y la repartición de tareas cambiaron por completo. La pareja estaba acostumbrada a compartir unos momentos por la mañana y por la noche, ahora se ve todo el tiempo. Los hijos también están presentes y además están bajo la plena responsabilidad de sus padres, las 24 horas del día. Esto modificó por completo un ritmo relacional preestablecido y funcional. Hay conflictos.

Sin embargo, el conflicto puede ser la oportunidad de verlo como una opción de transformación, y  requiere un tiempo de adaptación y algo de madurez. El aumento de las violencias intrafamiliares durante la cuarentena es el reflejo de la incapacidad de resolver los conflictos. Hace falta comunicación, conocimiento y tolerancia.

El regreso de mi hijo de Francia, por causa del cierre de todas las universidades, hizo que se iniciara nuevamente una vida de familia. Hay una presencia física permanente del otro y se vive de muchas formas. Gozamos de una casa lo suficientemente grande para que cada uno tenga su espacio de trabajo y de descanso. Somos independientes. Al principio de la cuarentena, tuvimos que renunciar a algunas comodidades adquiridas durante los últimos años porque paró en seco la fuente de ingreso.

Las empleadas de servicios no podían volver al conjunto como prevención a la contaminación. Con la obligación de parar por completo nuestras actividades laborales productivas, tuvimos que renunciar definitivamente al servicio de aseo y de cocina. Empezamos una nueva experiencia con el oficio de la casa. Pegamos una hoja sobre la nevera de quién iba a ser el chef del día y quién sería el barrendero. Llevamos tres meses de encierro casi total y pudimos superar el reto. Nos volvimos buenos cocineros y limpiadores eficaces.

No es el caso de todos. Algunos de mis amigos no pudieron repartirse las tareas de forma equitativa. Miriam, la señora de la casa se puso muy tensa a lo largo de los días, había un ambiente de descontento, la labor doméstica recaía en exceso sobre sus hombros. José el esposo, con su computador, estaba centrado en cumplir las metas dadas por su compañía multinacional, y los hijos adolescentes poco acostumbrados a las tareas domésticas no prestaron ayuda. Tampoco hubo exigencia de colaboración de parte de los padres. El reciente regreso de una empleada de servicio fue la salvación para Miriam, pues estaba agotada y el ambiente familiar estaba muy deteriorado. Ellos encontraron sus límites en relación con su capacidad de autogestión y de colaboración.

Superar este desafío se expresa desde la primera sílaba CO. El prefijo co viene del latín cum que significa unión. Para superar los conflictos que tienen como consecuencia la separación y la desunión, se requiere cultivar estas palabras de acción que empiezan así: compañero, compañía, cohabitación, colaboración, compartir, complementariedad, completo, compartido, cogestión, cooperación, comprometido. Que sigas viviendo confinado o que ya hayas salido para regresar a tu trabajo fuera de casa, seguramente esta convivencia te dejó algunas enseñanzas.  Para bien o para mal es tiempo de sacar conclusiones personales sobre tu manejo de la cogestión en casa.

En las tareas domésticas: ¿Ayudas o compartes responsabilidades?

Si ves a un hombre con un hijo pequeño en brazos haciendo compras en un super mercado, piensas espontáneamente: “este buen hombre está apoyando en su casa”, o cuando una mujer comenta a sus amigas: “mi marido me ayuda en casa, no me quejo”, estás cayendo en esquemas estereotipados que no favorecen el equilibrio en la pareja. Decir que un hombre ayuda es afirmar que la mujer es quien tiene la carga. Puede ser que ella se sienta víctima o que mande, no importa, en todo caso no estamos frente a una corresponsabilidad. No se trata aquí de opinar sobre los roles que cada uno tiene o debería tener en el seno del núcleo familiar, se trata de reflexionar sobre el sentido de la palabra “ayuda”. Es sutil pero definitivo.

No es que uno ayuda o apoya en las tareas del otro. En una pareja cada uno tiene sus funciones, y sus aportes son iguales de valiosos para el equilibrio y la productividad de la familia. Buena noticia…, con la pandemia los hombres se dan cuenta del trabajo que hay en casa. Uno de los grandes motivos de desunión en las parejas es la falta de reconocimiento, a la esposa, por sus oficios domésticos. Afortunadamente los varones de las nuevas generaciones llegan con una programación distinta y están más involucrados. También, la mujer ahora trabaja más por fuera.

Volviendo a nuestro ejemplo del hombre que “ayuda”, no ayuda, él asume su rol de padre y es responsable al igual que su cónyuge. Está comprometido, a la par con ella, con lo que hay que cumplir para el bien de todos. No hay un bueno o menos bueno, la pareja asume lo que debe hacer. La responsabilidad es compartida. Muchas veces entra en juego un tema cultural y de hábitos. La distribución de las funciones y de las tareas debería ser un elemento claro desde el comienzo de toda relación de pareja.

¿Hubo conflictos en la repartición de las tareas?

Hubo situaciones donde no estaba clara la forma de organizar la casa y donde no hubo un acuerdo para repartir los distintos oficios en los actores presentes… El desorden y la tensión relacional se instala cundo no hay claridad en las responsabilidades que cada uno debe asumir.

¿Cómo mejorar la cogestión en casa?

El PRIMER PUNTO para este proceso es tener una buena comunicación. Para resolver los conflictos y para equilibrar la repartición de los oficios requiere sentarse a dialogar. Tomar un lápiz y un papel para establecer la lista de las obligaciones como un primer paso, luego vendrá la negociación para lograr acuerdos. No se trata de firmar un contrato, se trata de llegar a un consenso que pide consentimiento y muchas veces concertaciones para lograr un buen “co” en común.  

Cuando se trata de solucionar un problema y de generar acuerdos, el conflicto de poder se incrementa. En las parejas es habitual que en una situación de crisis se aticen las fricciones de poder; quién tendrá la razón o quién va a mandar al otro… En los momentos que vivimos, es muy fácil que se desaten las convicciones de cada uno, sobre cómo se deben hacer las cosas. El referente de cada uno es casi siempre diferente al del otro, venimos de familias distintas con creencias diferentes y se genera el conflicto por las experiencias divergentes.

Las luchas de poder en una pareja se manifiestan por el autoritarismo y el victimismo; son dos extremos que no pueden coexistir en una unión estable y placentera.

El SEGUNDO PUNTO para lograr la cooperación es la responsabilidad asumida. Solo se puede llegar a la meta con seres adultos, donde todos entendemos y actuamos como un equipo. Todos estamos en el mismo barco. La inteligencia responsable es saber que una vida armónica entre dos se establece con un equilibrio entre el dar y el recibir. No quiere decir que todo se basa en un principio de perfecta igualdad, “ojo por ojo, diente por diente” lavo mi plato y tú lavas tu plato.

El equilibrio no es así. Se trata de una repartición equitativa de los tiempos dedicados a tareas necesarias para el bienestar de todos. De eso se trata la cooperación responsable. Los hijos, por su falta de madurez no pueden entender la importancia de su colaboración, por consiguiente es responsabilidad de los padres demostrar que son los adultos y que los hijos deben contribuir cuando se les requiere. El aprendizaje durante estas pequeñas actividades domiciliarias son grandes lecciones para el crecimiento personal de los jóvenes.

El TERCER PUNTO para que este conjunto funcione con eficacia es que haya flexibilidad. Vivimos un movimiento interesante en nuestra familia, nos relajamos cuando hubo colaboración espontánea y ajustes en función de las circunstancias. Si acaso alguno de los tres se demora por una obligación profesional impredecible, le metemos el hombro a la preparación del almuerzo o a otra necesidad. Para algunas tareas somos más hábiles y nos podemos complementar. Mi hijo se demora el doble del tiempo lavando los platos. Yo procuro lavar con más frecuencia la losa, y así él sabe que deberá  hacer otra cosa.

La flexibilidad llega cuando cada uno sabe que el otro asume su responsabilidad y no se esconde detrás de excusas. Las empresas jerarquizadas y los sistemas militares obligan, las cosas funcionan y son eficaces. Sin embargo, se siente la opresión. Cuando hay colaboración responsable, las personas se apoyan para que todo funcione mejor, esa es la eficiencia. Se maximizan los recursos. Hay flexibilidad en los oficios sin dañar el equilibrio entre el dar y recibir. Como lo hemos experimentado, hay mayor satisfacción personal y se distribuyen y fluyen mejor las cargas cotidianas. Es importante renunciar a las exigencias perfeccionistas.

Fue un gran aprendizaje para nosotros y seguramente para ti. Si no pudiste comunicarte adecuadamente, si no lograste hacer una buena gestión con responsabilidades compartidas, seguro que no llegaste a la flexibilidad, a la eficiencia y a la solidaridad. Lo bueno es que todo se ve y se descubre en estas circunstancias; una realidad cruda y a veces dura. De pronto, te diste cuenta de que no puedes vivir más con tu pareja.  Seguro que se perfilan unos cuantos divorcios. Después de esta adversidad, espero que hayas podido convivir con tu pareja y que tu unión sea fortalecida.

Si el conflicto sigue presente ahora, si no sabes cómo dialogar y tomar decisiones con tu pareja, recuerda que hay profesionales de la mediación, psicoterapeutas y seres de buena voluntad que quieren que estés mejor en tu relación. ¡Asuntos de platos, de ropa, de comida… no es para tanto! No se justifica entrar en guerra contra el amor que estuviste construyendo con tanto esmero y sabor. Sé que la situación económica, la presencia de los hijos, el ambiente pesimista y miedoso no favorecen la unión, pero estoy seguro de que sí puedes. Es una gran oportunidad de crecimiento par ti y para tu pareja. ¡Adelante!

Dominique Hennechart
Psicólogo.

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Ayudo a las parejas a emprender un camino consciente para ser feliz. Por medio de enseñanzas prácticas en las redes sociales y con consultas personalizadas restablezco y fortalezco el bello vínculo de pareja.