Vivimos tiempos extraños, muchas cosas conocidas y seguras son puestas en cuestión y el nivel de incertidumbres va creciendo. Es un momento adecuado para hacer ajustes. Son etapas de cambios individuales y colectivos. Te invito a utilizar el desorden interno y externo para dar un paso hacia un mayor nivel de libertad. El cambio míralo, no como un enemigo sino como un aliado que te ofrece una oportunidad de renovación. Libérate del pasado para acoger el nuevo tiempo.

Cuando llega el fin del año, estás de fiesta, cierras un ciclo y revisas lo que has hecho y lo que te faltó por hacer. Sueñas y das un nuevo impulso para un año nuevo, aunque realmente es solo un cambio de número en el calendario. Estamos viviendo el fin de algo sin que haya un cambio de fecha. Es un cambio de percepción y de comprensión del mundo en que vivimos. También es un fin de ciclo personal si lo puedes ver. Se requiere cerrar una etapa y poder terminar.

La transición de una etapa a otra etapa puede ser vivida como una oportunidad de crecimiento de tu nivel de conciencia. También puedes vivirlo como un evento aislado y seguir pensando que nada pasó. Las personas que se niegan a ver el cambio y que no quieren hacer un trabajo interior de despedida del pasado van a sufrir a futuro. Pregúntate: ¿Me resisto al cambio? ¿Puedo aceptar y fluir con los cambios tanto personales como colectivos?

Cambiar es siempre renunciar a algo o a alguien para ir hacia nuevos espacios. El mundo que está por delante resulta desconocido y la incomodidad de la incertidumbre nos da miedo. La confusión está en todas partes y hace parte del proceso de cambio tanto personal como colectivo. Una pandemia nos puso a todos en casa para reflexionar sobre nuestro rumbo. Cuando todo está en modo pausa, se frena el consumismo –no solo el de la sociedad sino el tuyo también–, la naturaleza respira y se regenera. Te pregunto: ¿has hecho la tarea de pensar en tu relación de pareja como la humanidad está pensando en sus relaciones entre naciones y razas…?

Yoana es una mujer bonita que atendí en consulta en línea. Con solo 33 años ya tiene una hija adolescente. Lleva seis años con el mismo hombre, Jefferson. Es un hombre apuesto que se muestra atento y cariñoso. Tenían hasta hace poco una vida normal hasta que llegó el confinamiento obligatorio. Sus vidas estaban ritmadas por el trabajo, las amistades y los compromisos domésticos. Con las semanas monótonas de encierro, hubo alteraciones emocionales que la pareja no pudo evacuar. Aburrimiento y tensiones los llevaron a decirse palabras pasadas de tono. En fin, el cambio de rutina se materializó con la ruptura en la pareja.

Jefferson le dijo a Yoana, “ya no te amo”. Ni una palabra más. Agregó: “nos separamos tan pronto termine la cuarentena, ya tienes un apartamentico donde vivir”. Recibiendo esta noticia Yoana entró en shock, tuvo ataque de pánico, sus pensamientos son obsesivos y confusos, no come. Siguen viviendo juntos, cada uno en un cuarto. Se separan porque no pueden convivir más, llegan al final de una relación equivocada. Una de las partes se dio cuenta que había abusos y que era tiempo de hacer un cambio drástico. Yoana me confiesa que es una mujer celosa. Cualquier retraso de Jefferson a casa era una oportunidad para reclamar, indagar, acusar.  Ella se da cuenta que su forma de controlar tiene ahora sus consecuencias. No lo puede creer.  Él tomó la decisión: dijo “no más”. Ella entiende que no se puede poseer a nadie.

Ella se culpa por no haber visto lo paciente y amable que fue. Los llantos y los vómitos de Yoana no parecen sensibilizar a su compañero. Bajo el techo de los hogares hay dramas que no se llaman coronavirus y estos dramas tienen consecuencias más nefastas que una enfermedad. Decidieron no empezar ninguna terapia de pareja solo ir cada uno por su lado. Cuando hablo de cambios y de cerrar etapas, se trata de cómo hacerlo para reducir los impactos físicos y psicológicos.

Cerrar temas y pasar a otra etapa no es fácil. Todo lo que se deja abierto nos roba mucha energía. Son las cosas que no hemos podido hacer, lo que nos faltó decir, lo que hemos dejado de hacer. Lo inconcluso. Todo lo anterior es consciente y sigue rondando en la mente. Los temas no acabados se vuelven tóxicos, sabemos que existen, pero quedan pendientes. A veces es por descuido, por pereza. Lo más común es que tengamos miedo de afrontar el pasado, aplazamos el encuentro, nos tiembla la mano al momento de hablar con la persona que peleamos hace años. Estos recuerdos y asuntos abiertos son verdaderos venenos que nos mantienen atrapados en el pasado. Nos bloquean para crear nuestro futuro.

Hay relaciones que no fueron cerradas adecuadamente y no lo sabemos. Esta información se queda a nivel subconsciente y se manifiesta de forma disfrazada. Una imagen, un sonido, un olor o un lugar desencadenan una sucesión de malestares físicos y emocionales. No sabemos exactamente qué ocurre, pero algo se movió. Se quedaron atrapados unos hechos inconclusos que nuestro cuerpo grabó y no nos dejó completamente en paz.

Si algo te está paralizando para programar tu nuevo futuro en estos tiempos de cambio, pregúntate: ¿Cuál es el bloqueo? ¿Habrá algún tema sin cerrar? Tráelo al presente y dialoga con este asunto del pasado para hacer la paz con él. No se trata de volver a ver o a llamar al novio o a la novia. Si el tema está relacionado con un pariente, este podría estar lejos o ya muerto. No importa, lo que si importa es tu diálogo interior con esta persona. Tu imaginación es poderosa y basta ver internamente. Agradece a la persona, a los acontecimientos, porque, aunque fue doloroso, aprendiste algo y hoy estás vivo. Con esta gratitud pones un fin consciente a ese vínculo con esa persona o con ese hecho del pasado. Recuperas tu paz.

¿Por qué no podemos cerrar asuntos del pasado?  En general las preocupaciones diarias y el ritmo de vida nos procuran excusas perfectas para no afrontar estos cierres. En estos momentos de recogimientos obligados, es tiempo para pensar en lo que nos faltó para concluir esta relación. Haz el trabajo. Si sientes malestares como tristeza, rencor, rabia, miedo, seguro que estás atrapado por temas todavía abiertos. Esculca tus cajones donde se acumula el polvo de las amistades y amores dolorosos. Tómate algo de tiempo para dejarte invadir por estas emociones nostálgicas, a veces desagradables. Da un lugar en tu corazón a cada cosa, a cada persona, a cada acontecimiento para que todos puedan descansar en paz.

Todo en la vida es cíclico: empieza, madura y muere. El ciclo debe terminar con una despedida. Sin un cierre adecuado es difícil iniciar un nuevo ciclo satisfactorio. Muchas parejas separadas tienen dificultades para conseguir una nueva, pues siguen atrapadas en una relación del pasado por falta del cierre completo. No están libres. Revisa tus temas abiertos, lo que sientes que debes soltar para estar mejor hoy. Yoana y Jefferson siguen obligados a vivir juntos a pesar de que ya no son pareja. Este tiempo –de difícil convivencia– es, sin embargo, saludable para una sana separación y posibles nuevas relaciones. A pesar del dolor, hablan y explican las causas por las cuales, según ellos, se fue el amor. Este tiempo de transición compartido por necesidad es un momento donde cada uno se libera del otro.

Se terminan las cuarentenas, es el momento para cerrar ciclos, para hacer la paz con personas y asuntos antiguos. Si tuviste que cambiar de trabajo o si lo perdiste, si tus comodidades y gustos desaparecieron, si tienes que mudarte, si una relación llegó a su fin, si murió alguien cercano, es tiempo de decir adiós a lo que te tuviste durante años. Tantos eventos y cambios te impulsan a tomar el tiempo necesario para hacer una despedida plena. Cierra el ciclo con gratitud, así podrás construir un nuevo futuro exitoso.

Dominique Hennechart
Psicólogo 

Foto de Dominique

Ayudo a las parejas a emprender un camino consciente para ser feliz. Por medio de enseñanzas prácticas en las redes sociales y con consultas personalizadas restablezco y fortalezco el bello vínculo de pareja.


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