El efecto “Matrioska”, las muñecas rusas.

Cuando una experiencia no es procesada adecuadamente y genera un trauma, no nos alimenta, no se integra como nutriente activo de nuestra personalidad y se condensa, se cristaliza, se convierte en un quiste al interior de la línea del tiempo en la que se mueve nuestra existencia. Ese es el proceso de fijación y regresión en el trauma que cualquier persona puede sufrir. 

Trauma en el desarrollo personal

El desarrollo de la personalidad y la formación del carácter son procesos dinámicos, altamente sensibles, que se nutren de muchas fuentes. El contexto genético y transgeneracional, condensación de la información que nos conforma desde el pasado, corresponde al terreno que anida y sostiene las semillas que las experiencias van dejando en nosotros. 

Todos estos eventos suceden de manera consecutiva y simultánea en el presente continuo y dinámico que transitamos y necesitan ser procesadas para, a su vez, enriquecer el suelo del pasado y continuar nutriendo las raíces que nos sostienen.

En el momento del trauma se «detiene» el tiempo psíquico, se cristaliza la información, se alteran la percepción y la interpretación y dentro de la totalidad de esa personalidad en desarrollo, se instala una marca correspondiente a la «edad psicológica» del momento en el que sujeto, con sus recursos y limitaciones, experimenta el evento.

La metáfora de las Matrioskas 

Si reflexionamos en la metáfora de las Matrioskas, las muñecas rusas que tienen muñecas idénticas, cada vez más pequeñas en su interior, podríamos decir que esas muñequitas internas, corresponden a fijaciones, a cristalizaciones, a cicatrices que en diferentes momentos evolutivos del desarrollo, fueron impregnadas con la información tóxica y no metabolizada correspondiente a un evento traumático y no se integraron a la personalidad como totalidad sistémica coherente

Precisamente el hecho de no haberse integrado, de cargar con esa información tóxica y no procesada, hacen que reclamen frecuentemente atención y surjan en la superficie “llamados» recurrentes a la resolución que se manifiestan en actitudes, comportamientos, patrones de pensamiento y diálogo interno recurrentes y conflictuales.

Identificación y regresión que nos encarcelan  

Un punto a resaltar en la fijación y regresión del trauma. Las fijaciones descritas no se dan únicamente con respecto a eventos traumáticos. En muchas ocasiones, la identificación con un rol y la creencia de que el reconocimiento obtenido a través de ese rol determina nuestro valor, es también un proceso similar. Allí, la fijación se establece con la Matrioska que simboliza el rol y que al impedir percibirnos como totalidades multisistémicas, nos lleva a enfocarnos, pertinazmente, en un sólo aspecto de nuestra riqueza infinita. 

La regresión implica el movimiento psíquico desencadenado por un evento que activa la información asociada con el trauma y hace que volvamos a un estado en el que reproducimos la mirada, las herramientas, los estilos de afrontamiento, los recursos, los estados emocionales y las sensaciones de vínculo con el entorno que teníamos en el momento en el que se produjo el evento traumático y con las que intentamos resolverlo infructuosamente. Este es un patrón repetido, compulsivo.

Integrar y sanar para Ser 

Metafóricamente, el estado ideal del adulto con una personalidad integrada y alineada sería una Matrioska sólida (o vacía… también válida como metáfora), que ha integrado de manera activa, funcional y dinámica sus experiencias traumáticas; una Matrioska integrada, sin figuritas más pequeñas en su interior en la que no quedaron por resolver informaciones tóxicas, recurrentes y que se comporta como una totalidad coherente. 

Es un ideal superar la fijación y la regresión del trauma, nada fácil de conseguir, que nos alienta con la liviandad y el dinamismo que los pequeños logros, las integraciones progresivas de nuestras sombras y cicatrices nos regalan. Conocer los traumas y patrones repetitivos para revelarlos de manera adecuada y oportuna al paciente, posibilita su resolución y la integración de las «Matrioskas heridas» en el movimiento de la personalidad para edificar una Matrioska sólida, integrada y sana. 

Dr. Juan Jose Lopera Sánchez
Médico. Presidente A.I.Sintergética. Máster en PNL. Coach de Vida y Sistémico.