La muerte se llevó a la pareja

Vivir la separación con el ser querido.

Tengo dos preguntas difíciles para ti… ¿Piensas a veces en tu muerte y en la de tu cónyuge? ¿Cómo sería la vida sin el ser querido a tu lado?

Llegó la despedida.

En esta época, alrededor del día de los muertos, hace un año fui al funeral de un familiar. Después de más de 50 años de vida en común Manuel y Lilia se separaron. Uno se fue a la otra vida mientras el otro se quedó en esta. Lilia tuvo que vivir una experiencia desgarradora y transformadora. 

Me acuerdo muy bien… Los ramos amontonados tapaban la vista del ataúd marrón. Imaginaba el cuerpo sin vida de Manuel, atrapado en las latas de madera del cajón. Lilia, aturdida por un nuevo y fatal estatuto, se llama ahora viuda. Atributo que tendrá que llevar hasta el final de sus días. Son circunstancias que no escogió, pues no se sabía quién iba a salir primero del plano terrenal. 

Ella se quedó a unos pasos del cadáver, como si quisiera retener algunas horas más la sensación de la presencia física. Había muchos seres deambulantes, vestidos de múltiples tonalidades de grises, estábamos todos de luto. 

Entre el blanco y el negro, se sentía los dos polos opuestos de la existencia, la vida y la muerte. En la cafetería, se escuchaban risas de anécdotas bonitas. Una estrategia para aliviar el sufrimiento de todos los que compartieron instantes o años de vida con Manuel. En la sala fúnebre se lloraba por no poder volverlo a ver, por no poder volver a compartir otros momentos de felicidad. Se acabó. 

Los duelos duelen.

Hay muchos tipos de duelos, cuando el amor se va por causa de una ruptura afectiva, es doloroso pero seguimos cada uno por el camino de la vida. La pareja puede seguir como amigos, evocar buenos recuerdos y volver a verse. Cuando la pareja es llevada por la muerte hay ceguera. La presencia física del otro desaparece por siempre. Todos los duelos nos muestran una ausencia, un antes y un después.

En este curioso laberinto de los mandamientos de la vida, Gema, la hija de Manuel y Lilia, tuvo que enterrar a su suegro el mismo día que su padre recibía las coronas de flores en la sala fúnebre. En dos días, Gema y su marido perdieron dos figuras masculinas potentes, dos hombres exitosos, dos padres. Los hijos enteraron esos dos días a sus dos abuelos, uno murió a pocos días de una enfermedad repentina mientras que el otro murió después de años de hospitalización. Que sea de forma inesperada o esperada, la muerte es un hecho que nos conmueve y nos deja cicatrices en el alma.

¿Cómo reaccionarías al quedarte solo o sola? 

Nadie puede predecirlo, depende de cada uno. Este dolor es directamente proporcional al tiempo compartido y a la intensidad de la historia en común. Lo cierto es que cuando la separación llega, sin opción de volver a la unión, es un fin trágico de algo y no se ve el principio de nada. Sólo hay desesperación, el ser querido se ha ido y te quedas solo o sola con el sufrimiento de la pérdida y los buenos recuerdos.

Hay muertes inesperadas, las que ocurren debido a accidentes, y hay otras que vienen anunciadas desde hace tiempo, como es el caso de las enfermedades largas. Para Lilia y Manuel, hubo un poco de las dos. Cuando las parejas superan los 70 años de vida física, saben que la hora de la despedida puede llegar en cualquier momento. Lo cierto es que todos sabemos del fin pero nadie está realmente preparado.

En la prosperidad y en la adversidad

Compartir una vida con otra persona tiene numerosos beneficios, por eso las parejas unidas suelen vivir más años que las personas solas o separadas. Las divergencias propias de caracteres diferentes y de historias familiares distintas obligan a tomar muchas decisiones. Hay que conciliar y buscar soluciones para que cada uno esté satisfecho. Resolver conflictos y actuar en pro de la familia es estar en la vida

Manuel y Lilia compartieron todas las dificultades en conjunto. Tenían múltiples negocios con toda la complejidad que tienen las empresas en periodos económicos de expansión y de recesión. Con tres hijos tuvieron, no solo el desafío de la crianza hasta el costo de la universidad, sino también el reto de apoyarlos en sus vidas laborales, en los matrimonios y en los divorcios.

A la hora de la separación física toda esta vivencia resurge como la tierra de un campo muchas veces labrado, sembrado y cosechado. En la pareja la carga se reparte, las tareas se dividen, cada uno asume unas responsabilidades. Todos los días hay comunicación con el compañero o la compañera, ya sean banalidades o asuntos serios para resolver. Cuando llega la partida de uno de los dos, todos los pendientes y las cargas caen sobre los hombros de uno solo.

Superar la ausencia del ser querido

Ya sea durante años o décadas la pareja aprendió a convivir y a disfrutar de la existencia, pero este ciclo de conocimiento y de disfrute terminará. En la escala de estrés para un ser humano, la muerte del cónyuge es el acontecimiento más estresante que existe. El duelo es un proceso largo y difícil que muchas personas no toman en serio y no procesan de forma adecuada. Los profesionales de la salud mental acompañan a los dolientes para emprender una nueva etapa de socialización. 

Cuando hay relaciones largas y sanas, sin codependencia, la recuperación es más fácil. Cuando hay creencias religiosas y vivencias felices, el pasaje a otra etapa es más rápida. Cuando hay reproches en la pareja, amarguras y asuntos sin resolver, es más difícil cerrar el ciclo. Con un duelo no resuelto, la pareja sigue como “muerta en vida”

Algunas parejas no pueden superar la pérdida. A veces tienen una promesa de lealtad, y no se dan el permiso de seguir disfrutando de la vida con otras personas.  No pueden vivir solos, la tristeza y el cambio obligado de hábito es una barrera infranqueable. Se deprimen y a los pocos meses, se enferman y siguen al ser amado detrás del misterioso velo de la muerte. 

Otras parejas surgen y toman nuevas fuerzas de vida para emprender un rumbo diferente, disfrutan y valoran el tiempo restante en actividades nuevas y relaciones emocionantes. Se enfocan en lo que no pudieron hacer antes, disfrutan de los nietos, y algunos consiguen una nueva pareja. 

La vida nos espera

En mi trabajo terapéutico veo personas jóvenes y vitales que miran a la muerte. También veo adultos mayores confrontados ante una muerte cercana y que deciden volver a mirar hacia la vida. Después de tanto dolor y de los múltiples desafíos relacionados con la sucesión, Lilia volvió a mirar la vida tomando nuevamente las riendas de su destino.

Nadie puede saber por adelantado cómo nos comportaremos frente a la ausencia definitiva del ser querido. Solo podemos asentir al misterio de la vida, esta misma que nos regaló talentos y ricas relaciones humanas. Podremos ver a la muerte cara a cara cuando llegue a tomar el soplo nuestro y nos dirá: “tu tiempo se terminó hoy”. También sentiremos la muerte cercana cuando nos muestre que la pareja se fue y que nunca regresará.

Participo en un grupo de voluntarios que recibe semanalmente personas que quieren superar sus duelos. Contáctame si quieres vivir este proceso para volver a mirar hacia la vida. Mi deseo es que puedas estar en paz con los vivos y con los muertos.

Dominique Hennechart
Psicólogo 

Foto de Dominique

Ayudo a las parejas a emprender un camino consciente para ser feliz. Por medio de enseñanzas prácticas en las redes sociales y con consultas personalizadas restablezco y fortalezco el bello vínculo de pareja.


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