Te pregunto, ¿Cómo vas con tu pareja? ¿Descuidaste la relación por agotamiento físico y por estar abrumado con los desafíos? ¿Será que el aburrimiento y el encierro no te dejaron ser creativo y recursivo en la relación? ¿De pronto fuiste uno de los pocos en disfrutar plenamente de un repliegue armonioso en casa? Cocooning, como se dice en inglés.

Ya nos hemos acostumbrado a pasar la mayoría del tiempo en casa. Nos costó mucho adaptarnos, bajar la ansiedad, ser colaborativo y resolver múltiples problemas como la educación de los hijos, el oficio y el teletrabajo. Ahora debemos abrirnos nuevamente a lo desconocido y la incertidumbre sigue rodeando el mundo y nuestra cabeza. 

Ayer, se desmoronó nuestra secretaria. Adriana vive con su esposo y su hijo de unos 10 años de edad. Desde su apartamento en un barrio humilde –algo ruidoso y caliente– ella hace frente a las tareas de secretariado, con el teléfono empresarial y con el nuevo servidor virtual que instalamos por necesidad. En el espacio reducido de la sala, con sus documentos contables apilados, se escucha también a su esposo desempeñarse a través del famoso teletrabajo. El ánimo se exaspera cuando los profesores le exigen al chico, realizar las manualidades dignas de un ingeniero de la NASA. Están en cuarentena y, al igual que las parejas que conozco, nada es fácil ahora y nada se ve más fácil para mañana.

Para todos, el espacio físico de descanso –que es el hogar– se transmutó por completo. El mundo laboral, el mundo marital, el mundo familiar y el mundo del ocio se fusionaron en uno solo y en un mismo lugar. Adriana y el esposo, como tantos, se ahogan psicológicamente y físicamente. Ella me dice, “no me rinde el tiempo, estoy cansada”.  

Este colapso psicológico por la falta de separación de tareas y de un espacio de privacidad individual va a afectar a muchos de nosotros. ¿Cuáles son las actitudes que debes desarrollar para estar acorde contigo mismo, con tu pareja, con tu familia y en tu relación laboral en esta fase de un supuesto retorno a lo normal?

El futuro está hecho de tu experiencia pasada y de tu vivencia presente. ¿Qué sentimiento habita tu corazón, qué pensamiento repite tu mente? Este es tu punto de partida que ahora puedes prolongar o cambiar. Te invito a reflexionar sobre tu estado interno en este momento en que hay ira, depresión, tristeza, miedo, deseos, proyectos, reclamos, entusiasmo, voluntad, desespero, parálisis, expectativa, pereza, negatividad, amor…

Durante estos dos meses, conviviste con tu pareja de forma casi permanente. ¿Estuviste conectado –con él o con ella– o más bien desconectado o desconectada? Hoy en día, ya puedes decir que ganaste algo o que perdiste algo en el camino. De tu relación previa a la cuarentena y de la forma como la viviste, dependerá lo que va a pasar ahora.

Hay cuatro situaciones de pareja. Seguro te reconocerás en alguna de ellas. 

La primera: no hubo cambio. Conozco bastantes personas que no cambiaron sus hábitos. Algunos viven en su finca y siguieron pasándola bien con sus plantaciones  y sus animales. Otros son empresarios en un sector que no se paralizó. El personal de la salud estuvo yendo y viniendo, mientras que los jubilados ya estaban acostumbrados a quedarse en casa. La conexión sigue igual.

La segunda: las parejas que estuvieron separadas. Están los que mantuvieron el contacto diario por medio de internet, se extrañan mucho y sintieron la ausencia. El deseo de estar nuevamente con el otro, atiza el fuego de la pasión. Y están los que estuvieron lejos, sin que hubiera una relación consolidada o pasional. Además, si hubo tentaciones carnales es probable que no haya reencuentro. Por la distancia, la conexión se restablece fácilmente o se rompe abruptamente.

La tercera: las parejas que estuvieron juntos todo el tiempo y que vivieron la cuarentena como algo positivo. Tienen varios factores protectores que impiden los conflictos abiertos. Por ejemplo, las parejas jóvenes recientemente conformadas y con un amor desbordante de pasión, no vieron pasar el tiempo. Hay parejas maduras, con experiencia de la vida y con la capacidad de superar las crisis, viven los eventos con filosofía. Se comunican, se organizan y ven más allá de los acontecimientos presentes. En este grupo, la conexión se fortaleció con una experiencia de crecimiento para los dos. 

La cuarta: las parejas que lo pasaron fatal. Podemos hacer una escala de algunas dificultades relacionales de una tensión real hasta la pareja que busca cuál será el abogado que los va a representar para firmar el divorcio. Los motivos comunes de este proceso doloroso son los siguientes: no había la costumbre de una vida en común por largo tiempo, no pudieron controlar las emociones o resurgieron sombras y viejos asuntos sin resolver. Los desequilibrios en la repartición de las tareas, los hijos en casa con la educación virtual, los problemas económicos y laborales más los espacios reducidos son factores externos que disparan las peleas y las separaciones. Aquí el vínculo está dañado de forma temporal o definitiva.

¿Cómo fueron las relaciones íntimas en todas estas parejas? Algunos sociólogos se atreven a pronosticar un gran aumento de la natalidad, un baby boom como después de la segunda guerra mundial. Sin embargo, como otros psicólogos, opino que la inhibición ganó sobre la búsqueda de placer. Es cierto que las parejas con seguridad económica y sin grandes responsabilidades pudieron disfrutar del tiempo para probar nuevas experiencias íntimas, pero a la mayoría, la ansiedad generada por las incertidumbres y el miedo a ser contaminados, los llevó más bien a la abstinencia sexual.

De todas estas situaciones solo hay dos alternativas: la pareja se fortifica o se debilita. Se fortalece cuando pudo ver al otro como es, con sus defectos y sus cualidades. Hubo aceptación, apoyo, tolerancia y respeto. Con esta prueba, las parejas que no fueron derrotadas por la adversidad saldrán más conscientes y adultas. Las experiencias donde no hubo equilibrio entre el dar y recibir, donde la ansiedad tomó el control y donde hubo huida y agresión son relaciones debilitadas y en riesgo de terminarse

¿Qué necesitas ahora para poder reconectar con tu pareja si el vínculo se debilitó? Primero, debes volver a conectarte contigo mismo, darte paz mental y llenarte de algunas emociones positivas. Tu cuerpo también es una herramienta que te ayuda. Respira. El aire es energía y vida. Mide bien los riesgos y piensa bien sin necesidad de copiar todo lo que los demás hacen. Créeme, no tiene sentido estar con una máscara en tu carro o estar respirando tu propio gas carbónico cuando estás caminando en espacios abiertos. Tu tapaboca te impide sonreír y relacionarte, úsalo con moderación e inteligencia.

Ya estás reconectando con la vida cuando tu mente se alimenta de pensamientos optimistas y de proyectos, cuando tus sentimientos se enfocan en amar. Quiero que sepas que la existencia es una sucesión de cambios que muchas veces tratamos de no ver. La vida es una montaña rusa. Hay ciclos de prosperidad y de austeridad. Hay momentos de felicidad y otros donde nos apagamos. Lo importante es saber que cuando la noche viene, al día siguiente hay un nuevo amanecer. Tu poder de imaginación te permite ver el próximo ciclo y así ser cocreador de una nueva realidad, de un nuevo sueño que puedes compartir con tu pareja.

Somos seres complejos y siempre insatisfechos. Nos sentimos mal en la soledad y sufrimos con el exceso de proximidad. Mira todo eso, como una vivencia más en tu experiencia en el camino de la vida. También puedes ver lo que vivimos, como unos momentos extraordinarios que quedarán en los anales históricos. Sé indulgente contigo mismo y con tu relación, pues estamos todos en el mismo barco; un barco que perdió su rumbo por un tiempo. No esperes el cambio del otro, da el primer paso para la reconexión. Las parejas felices mantienen viva esta conexión y la restablecen cuando se debilita.

Dominique Hennechart
Psicólogo