Todas estas variaciones en la forma de decir y de identificar al otro revelan la relación que tenemos con nuestra “mitad”. Es una postura que revela la distancia, el apego, el respeto, la posesividad.  

¿Cuál es la expresión que usas cuando te presentas en sociedad? “Aquí está mi cónyuge, te presento mi marido, mi esposa/o, estamos en pareja o somos pareja…”. Tener a alguien o estar con alguien marca una actitud distinta. Estoy con él o con ella, soy uno con él o con ella tiene implicaciones diferentes. Como se dice desde los tiempos bíblicos, la palabra tiene poder. 
 

Empezamos primero por definir la pareja. Pareja es una relación entre dos personas. Existen dúos, dos músicos tocan juntos y se unen para crear una armonía en dos instrumentos.  Bailarines de patinaje artístico bailan juntos, no tienen un lazo amoroso. Estos artistas son profesionales que trabajan juntos, parejas circunstanciales, con un fin en común.  

La pareja que nos interesa tiene una relación donde hay sentimientos amorosos. Es una unión más allá de unos intereses puntuales, se trata de un vínculo afectivo de tipo romántico que generalmente se proyecta en el tiempo. Una pareja tiene una relación en diferentes aspectos: emocionales, intelectuales, sexuales. En la pareja hay vivencias diversas en función del tiempo que lleva. Se empieza por la relación de noviazgo con sus sentimientos pasionales, luego viene una relación oficializada y en general con hijos que cambian la forma como se viven los afectos. Lo cierto es que estar en pareja implica un compromiso. Esposos viene de una palabra latina que quiere decir comprometerse, prometer solemnemente… ¿Tienes pareja o estas en pareja? 

Cuando se dice “mi cónyuge” a la pareja, es una manera bastante neutral de nombrar al otro. Cónyuge no tiene género, como tal podemos decir, es mi cónyuge hombre o es mi cónyuge mujer, el o la cónyuge. Mi cónyuge se emplea cuando uno está casado/a. Las palabras “mi esposo” y “mi esposa” también se usa en estas circunstancias contractuales. Personalmente me cuesta usar la palabra esposa ya que este vocablo hace también referencia a dispositivos que atan a las personas, como el gancho que amarra a alguien de las muñecas. Esposa tiene un doble sentido, es muy coercitivo.  

Al decir “estar en pareja”, se siente algo de compromiso con un vínculo que une. Cuando la elección de pareja se hace a partir de una decisión adulta, hay una elección libre del cónyuge, hay respeto. Podríamos afirmar que una pareja en equilibrio es aquella que puede decir: “yo existo sin el otro y con el otro comparto mi proyecto de vida y los dos caminamos en la misma dirección. Estoy en pareja, estamos juntos sin estar revueltos”. 

Cuando se dice: “es mi marido”, “es mi mujer”, “es mi esposo”, “es mi esposa”, se entiende algo que resuena como a posesión. ¡Esto es lo mío!  Marcar la propiedad y el estatuto de esposos tiene sus beneficios frente a terceros. Permite ante la sociedad definir unos límites y afirmar que hay dos personas que forman una unidad, hay un compromiso y una legalidad que no se puede violentar.  

Tengo pareja” puede tener un sentido de pertenencia, es como haber obtenido algo de valor que va a llenar las expectativas y suplir las necesidades. Cuando piensas o dices: “la pareja que tengo…” con un tono de aburrimiento, es probable que te ubique en la queja e indique que “posees” algo que no te da satisfacción. Cuando el tono del “mi” se enfatiza es muy probable que haya una especie de dominación y ya sabemos que muchas parejas están construidas en una relación de dependencia.  

“Ser pareja” puede ser el estado soñado de realización individual y de compartir una unidad nueva con el respeto debido por las diferencias. ¿Cómo lo sientes… “somos pareja”?  

Sé entonces consciente de las palabras que usas y del tono con que dices estas pequeñas frases tan comunes. Estas formas de presentar a la pareja revelan la naturaleza de nuestra relación.  

Te pregunto: ¿Será que puedes tener algo sin ser tenido al mismo tiempo? 

Dominique Hennechart
Psicólogo.