El perseguidor como no lo habías visto antes!

Con este título, te llegará la imagen de un asesino que mató a su pareja en un momento de locura o de un verdugo que hizo profundos daños por repetidos maltratos psicológicos. Las noticias están repletas de actos de violencia intrafamiliar donde hay una víctima, generalmente una mujer, que recibe maltratos de su cónyuge. El agresor es llevado al tribunal donde deberá responder por sus actos delictivos y ser privado de su libertad… 

¿Qué hay de todos los maltratadores invisibles que viven alrededor nuestro?

En consulta atiendo y observo a muchas parejas que llegan en papel de víctima y de perseguidor. Marcelo fue un empresario fallido, pero hoy en día es un ejecutivo exitoso de una multinacional de la tecnología en Colombia y lidera el servicio de ventas de la compañía. Con sudor y algo de lágrimas se hizo a pulso. Tuvo su primera quiebra empresarial hace más de 12 años y empezó de nuevo de cero para poder volver a subir los escalones sociales. Llegó a una situación cómoda y de reconocimiento a sus 50 años.

Sin embargo, su relación de pareja está en peligro. En una unión con altibajos, después de 10 años de matrimonio, se derrumba lo que pensaba ser un logro de por vida. La esposa se fue del hogar hace dos meses. Ella se siente vulnerable, con unos años más joven, ella depende no solamente económicamente sino también afectivamente de él. Martica es dulce y se dedica a ser buena esposa. Sus padres, como su entorno social, la forjaron para ser una mujer de hogar, cuidar los hijos y ser indulgente con el genio de su esposo.

En la cita individual conversé con Marcelo. Es una persona con mucha elegancia y cultura, que sabe describir la situación conflictiva y dar argumentos de peso. Es un buen vendedor (es su profesión) y ha estado comprando su producto. Hombre irreprochable moralmente, se siente víctima de una mujer que lo tiene todo y que se fue de la casa por capricho. Él dice: “Soy entregado a mi hogar, no falta nada aquí, no entiendo por qué se va cada rato a quedarse con su madre”.

El perseguidor es a menudo un ejemplo de virtud.

No fuma, no bebe, no sale con sus amigos, le gusta estar en su casa con su esposa. Supervisa de forma muy juiciosa los gastos para no poner en peligro el equilibrio financiero de la familia. Sus inversiones son conservadoras. Marcelo, como muchos perseguidores invisibles, hace parte de una elite de personas ejemplares que lideran empresas y organizaciones políticas o caritativas.

El perseguidor es, a menudo mujer, pero este papel dentro de la pareja no tiene sexo. Él o ella están al mando, oprimen a su víctima y lo hacen con buena intención. Es difícil que un perseguidor reconozca que tiene un comportamiento dañino. Está convencido de que trabaja por el bien de su pareja. Este opresor, que se desconoce, quiere dirigir la relación porque él sabe lo que hay que hacer y cómo se debe hacer para el beneficio de todos. 

Como el salvador, (ver mi artículo sobre la relación entre salvador y víctima) el perseguidor está pendiente de los demás y quiere resolver las dificultades. El perseguidor ofrece una respuesta única y autoritaria mientras que el salvador trata de evitar los conflictos y aporta su ayuda “indispensable”. El salvador se aniquila para ayudar al otro, el perseguidor impone su visión, los dos no piensan realmente en el otro.

Un maltratador que se ignora.

Marcelo como muchos otros, es un tirano que no sabe que tiraniza. Él señala con el dedo las fallas de la pareja, muestra todo lo que no está conforme con un derecho establecido por él y por las reglas societales que respeta al pie de la letra. Las acusaciones son el pan de todos los días, y Martica, su víctima, se siente aplastada frente a tantos regaños. En esta relación hay uno que posee la verdad y el otro que está sometido a los dictados de la doctrina de cómo deben ser las cosas.

Detrás de esta actitud de querer solucionar los problemas y dar lo mejor de sí, hay una gran rigidez de principios. Los perseguidores intimidan a los que no les siguen, violentan a los que les critican y se tornan agresivos si no se obedecen sus órdenes. En sus organizaciones son reconocidos como grandes líderes y en lo oculto del hogar se vuelven maltratadores impulsivos. 

¿Qué pasa en la vida de un perseguidor?

El papá de Marcelo falleció en su adolescencia, su madre estaba ocupada en traer el sustento y no recibió el cariño esperado. Marcelo es además el mayor de la familia y se encargó de sus hermanos menores. No la tuvo fácil, defendiendo a su madre y protegiendo a sus hermanos. Para este hombre, la vida es un campo de batalla, hay buenos y malos. Sus colores se resumen al blanco y al negro. Él elige el blanco, lo justo y lo bueno, el negro es un peligro que hay que aniquilar. Los tonos grises parecen no existir para él.

El perseguidor no acepta la crítica y no se pone en cuestión. El problema de los tiranos es que no aceptan el error, nunca admiten que se equivocan, los demás, son los que no saben. Este rasgo de carácter está ligado a su infancia, debió construir una caparazón resistente para no hundirse en la depresión de una situación muy triste. 

Como Marcelo, muchos de los perseguidores son personas sensibles con una herida profunda: No quieren ver ni saber. El cambio sería volver a abrir un capítulo doloroso de la infancia. Para sobrevivir se lanzan a reformar el mundo para no reformular su mundo interno.

Pasaron unos años. Martica es ahora una mujer madura, estudió una carrera y logró un puesto de ejecutiva en un banco. Ella dijo: “no más manipulación de mi pareja”. Ella lo ama pero no quiere seguir siendo rebajada como si fuera una niña tonta. Los perseguidores como Marcelo lanzan indirectas para descalificar lo que podría ser una amenaza a su poderío. La máscara de dureza revela una gran fragilidad, ellos consumen mucha energía para no mostrar su vulnerabilidad.

Los verdugos buscan el control mientras las víctimas buscan la seguridad. 

Durante mucho tiempo Martica estaba aprobando la falta de respeto, a cambio de “sentirse protegida”. Este precio que pagó llegó a su fin. Con unas terapias se dio cuenta que estaba repitiendo una programación recibida en la infancia; “la esposa está al servicio de su esposo”. En su entorno laboral conoció parejas felices y tomó conciencia de que ahora con su autonomía financiera tendría la libertad para separarse y seguir su vida.

Salir de los roles de víctimas y de perseguidor en la pareja.

La víctima se siente culpable y avergonzada por reclamar sus derechos o expresar sus desacuerdos. Prefiere la incomodidad de la opresión a tomar el riesgo de ser responsable de su destino. La persona que depende del perseguidor debe tomar fuerza para afrontar sus miedos y hacer valer sus derechos a la igualdad con la pareja.

En la relación de pareja que te conté, Martica pudo confrontar a su pareja y decirle que se iba de forma definitiva. Varias veces se fue y regresó, hubo intentos de terapias pero nada resultó, cada uno volvió a sus roles anteriores en este escenario dramático y repetitivo. Por fin, ella puso límites firmes y condiciones tales como: una terapia completa y un cambio de comportamiento de ambos. Decidió asumir su rol de adulta responsable y afrontar las consecuencias de su decisión. Estaba dispuesta a renunciar a su seguridad y a la imagen de una familia feliz. Tomó las riendas de su vida.

Marcelo poco a poco aceptó que su comportamiento era el fruto de un gran dolor: el abandono que vivió en su infancia. Entendió que su comportamiento paternalista estaba basado en dar protección y orden a lo que nunca recibió en su hogar. A costa del otro y a cualquier precio. Pero esto tampoco era lo que él quería para su familia actual. De buena fe, hacía todo lo posible para tener un hogar de verdad aunque hubiera que gritar. Su forma espontánea de expresarse era la crítica y el señalamiento para que todos siguieran los preceptos de una buena familia. Consciente de sus actitudes perseguidoras, él se responsabilizó de lo suyo y mantuvo sus programaciones al margen. Se perdonó identificando la raíz de su ira.

Todos actúan por amor

Todos los actores de esta obra de teatro no son conscientes de que obedecen a patrones de sobrevivencias psicológicas. No son felices pero no pueden imaginar otras formas de ser, sus modelos parentales les enseñaron la dependencia como si fuera lo natural de una relación. Actúan por amor por el otro hasta darse cuenta que no es amor, solo es preservación de un ego herido con base en un modelo equivocado.

En terapia de pareja se requiere que los dos estén conscientes del juego de poder, para que los dos puedan liberarse. Los dos necesitan mirar su propia historia y que cada uno opere el cambio. De esta forma la culpabilización del otro cesará y la felicidad volverá a nacer en la nueva conciencia de cada uno.

Dominique Hennechart
Psicólogo 

Foto de Dominique

Ayudo a las parejas a emprender un camino consciente para ser feliz. Por medio de enseñanzas prácticas en las redes sociales y con consultas personalizadas restablezco y fortalezco el bello vínculo de pareja.


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